Gwen AdairTengo el mayor de los respetos por los jueces de cualquier disciplina, y más aún si se trata de una dama, porque esa labor de impartir justicia entraña conocimientos, dedicación y gran responsabilidad, en una actividad con mayor influencia del sexo masculino.

Para alcanzar un elevado prestigio como oficial es preciso, además, no prestarse a manipulaciones, tampoco guiarse por simpatías y mucho menos admitir presiones o dádivas de ningún tipo.

Sin apartarnos un ápice de estas consideraciones, debemos preguntarnos: ¿Hasta cuándo la ceguera de algunos jueces, no lo llamo corrupción porque no tengo pruebas, continuará echando por la borda el esfuerzo y la entrega de los púgiles?

¿Hasta cuándo las Comisiones de Boxeo permitirán que un inobjetable revés como el del mexicano Julio César Chávez ante Bryan Vera reciba el voto favorable de tres incompetentes oficiales – lamentablemente dos de ellas mujeres- y no tomen medidas ejemplarizantes?

¿Hasta cuándo los fanáticos tendrán que limitarse a abuchear un fallo ignominioso y después no haya ninguna sanción para los jueces involucrados?

Carla Cáiz (96-94), Marty Denkin (97-93) y Gwen Adair (98-92) fueron los responsables de que El Junior Chávez incluya en su hoja de vida un triunfo que nunca logró, mientras a Bryan Vera le han escamoteado salir con el brazo en alto en premio a su desempeño el 28 de septiembre en el StubHub Center, de Carson, California.

Tanto en la sala como por televisión, miles de personas que vieron el pleito –excepto algunos medios mexicanos que consideraron “cerrado, pero justo” el veredicto- se indignaron con la votación.

La señora Adair fue más lejos que sus dos colegas, al considerar que Chávez había ganado los siete primeros asaltos y también el décimo. Ni los golpes recogidos en las estadísticas, ni lo que se pudo apreciar a lo largo de la reyerta respalda esa apreciación.

Ese premio va mucho más allá, porque además de injusto, se lo han conferido a un púgil que previamente estuvo manchado por la sombra de las sustancias prohibidas y que ahora obligó a los organizadores a cambiar el peso acordado en par de ocasiones porque no cumplió con las exigencias de la báscula.

Otro bochornoso ejemplo reciente lo tenemos en la pelea que sostuvieron el escurridizo estadounidense Floyd Mayweather Jr. y el mexicano Saúl “Canelo” Álvarez, que concluyó con fallo ¿¿¿mayoritario??? para el local el 14 de septiembre en Las Vegas.

La impresionante demostración de boxeo que ofreció Mayweather a Canelo se vio empañada por el fallo de la jueza Cynthia J. Ross, quien a pesar de su larga experiencia como oficial, asombró al mundo al considerar que el combate había finalizado en empate.

La tarjeta con 114 puntos para cada contendiente que entregó Ross ha sido considerado uno de los errores más grandes en la historia del boxeo, dada la superioridad mostrada por “Money” Mayweather, quien venció por fallo mayoritario tras dominar ampliamente a su adversario a lo largo de los 12 rounds.

El pleito Mayweather Jr-Saúl Álvarez fue la gota que rebosó la copa, pero la mala fama perseguía a Ross desde hace mucho tiempo e incluso estuvo en el vórtice del huracán el 9 de junio del pasado año cuando ella y el juez Duane Ford votaron en contra del filipino Manny Pacquiao en la pelea ante el estadounidense Timothy Bradley Jr.

Ross y Ford dieron ganador a Bradley 115-113 y Jerry Roth, el otro oficial, entregó su tarjeta con idéntica votación pero favorable al tagalo, el indiscutible ganador de acuerdo con la mayoría de los que presenciaron el enfrentamiento.

El Arte de Fistiana merece transparencia y el público y los boxeadores respeto. Mayor respeto. No intento ensañarme con las féminas, pero en la historia reciente del pugilismo han cometidos errores garrafales.

Para nada intento demonizar a las damas, porque los ¿triunfos? del Junior Chávez y de Bradley son solo parte de una larga e interminable lista de injusticias a través de los años en las que se han visto involucrados infinidad de representantes del sexo masculino.

Aún así, es oportuno señalar, ¿Hasta cuándo, señores, hasta cuándo?

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