titerevasquez pikokt242013 9290eSi usted se da una vuelta por la página de la revista The Ring, se percatará de que en sus clasificaciones semanales de lo mejor “libra por libra” predomina el boxeador encasillado como estilista, aquel al que se le considera un virtuosos del ring por dominar técnicamente a su oponente en un enfrentamiento.

En contraposición, nos encontramos que eso tiene sin cuidado al aficionado de este noble deporte, porque los boxeadores favoritos por mayoría son aquellos a los que se les considera fajadores. Aquellos que a base de fortaleza física y presión, van debilitando a sus contrarios hasta avasallarlos.

Con excepción de Floyd Mayweather Jr., quien actualmente es la máxima representación del estilista, son los fajadores los que acaparan la atención del respetable. Son los combates de los fajadores los que llenan las arenas, los que se apropian de los titulares de la prensa especializada y los que año tras año son recordados con emotividad por los aficionados.

No culpo a la gran mayoría por tener preferencia por los enfrentamientos de golpe por golpe. Esos que hacen que tanto usted como yo nos mantengamos al filo de la butaca. Pero el boxeo es más que eso, el boxeo es un arte.

Y como el arte que es, cada boxeador tiene una manera diferente de expresarlo.

Algo para lamentar es que esa preferencia que existe en el aficionado es infundida en gran medida por la televisión, por las promociones y por un sector importante de la prensa especializada. Lo que obliga al peleador a tener que extralimitarse en sus ataques con tal de dañar a su enemigo y así poder aspirar a ser contratado en reyertas de mayor relevancia.

Pugilistas talentosos como el tapatío Miguel “Títere” Vázquez son denunciados como apáticos, aburridos y faltos de agallas, por manejar un tipo de pelea completamente contrario al que se reconoce como espectacular. Omitiendo que el ser estilista le ha convertido en un peleador tan dominante que es difícil encontrar a alguien que pueda vencerlo.

El completo dominio que ejerce sobre sus contrarios le ha llevado a ser esquivado por muchos. Pero la principal dificultad por la que atraviesa y que no le deja progresar en este deporte, es que no reúne los estándares que requiere la televisión, la cual le descalifica de las grandes peleas sin el menor escrutinio. Algo completamente injusto.

Para darle fuerza al argumento les traeré como ejemplo la última pelea del mazatleco Gilberto “Zurdo” Ramírez. En donde se le criticó por no haber coronado su victoria con un nocaut sobre su adversario.

Recuerdo que en esa ocasión se estableció que le faltó agresividad y decisión.

He seguido la carrera de Ramírez desde hace varios años y en sus últimos seis combates no lo he visto perder un solo round.

Si el ganar tus peleas con total autoridad, si el dominar a tus rivales imponiendo tu estilo, si el sacar el resultado en sí de forma positiva, no son suficiente, entonces no sé qué es lo que un boxeador debe de hacer para tomar un lugar importante en el mercado pugilístico.

Sucesos como el ocurrido con el cachanilla Francisco “Franky” Leal, nos obligan a replantear los estándares que se hemos creado y que erroneamente justificamos con expresiones comerciales. Porque lo que se está poniendo en juego con estas exigencias es la propia vida de los peleadores, quienes con tal de agradar a la televisión y al criterio impuesto en los fanáticos, se exponen a recibir un mal golpe.

El argumento de “la mejor defensa es el ataque” debería de eliminarse como axioma, porque si bien el boxeador que ataca descuida su defensa, el que arriesga de más en sus ataques desprotege peligrosamente su integridad física.

Crédito Fotos: Promociones Zanfer

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