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Si ahora mismo yo fuera Erislandy Lara (19-1-2, 12 KOs)… estaría de rodillas frente al altar, agradeciendo al Dios de mi devoción por alinear las estrellas y “concederme” la pelea con el mexicano Saúl 'Canelo' Álvarez (43-1-1, 31 KOs), algo que parecía quimérico pero hoy es una realidad.

Mi estrategia fuera del ring finalmente funcionó. Canelo mordió el anzuelo. En apariencia no le hizo mucha gracia mis tuits subidos de tono y tampoco que le interrumpiera para retarle ante las cámaras.

Después del sí, “El Sueño Americano', frase que resume mi objetivo de vida y que asumí como nombre de combate en detrimento del 'Oro de Guantánamo', está al alcance de mi mano, puntualmente el próximo sábado 12 de julio en el MGM Grand Arena en la pecaminosa ciudad de Las Vegas; solo es cuestión de asirme y no dejarlo escapar.

Para lograr ese objetivo evitaría la más mínima distracción. Los cinco sentidos en función de la velada que puede darle un giro de 180 grados a mi existencia, aunque compromisos previos requieran mi presencia física, poses de guerra y frases altisonantes.

Interiorizar que este no es deporte para guapos (bravucones) sería un mandamiento a seguir. La guapería de poco vale a este nivel. Mi compatriota Yuriorkis Gamboa acaba de notarlo de la peor manera y para mí es de estricta obligación no incurrir en el mismo error.

En correspondencia no me apartaría un ápice de mi plan de combate, salvo que sea el último recurso. Canelo podría lograr ventaja en algún intercambio, pero mi feudo es la distancia y desde ahí me corresponde imponer condiciones.

Evitar con mi movilidad ser un blanco estático también se antoja imperativo. Canelo pega…y duro. Lo avalan 31 combates terminados antes del límite. Con semejante resumé danzar sobre el ring se convierte en una virtud indispensable para preservar la integridad y aspirar al éxito.

Poco importa que los pseudo conocedores me acusen de correlón. De un modo u otro siempre van a hablar. Él saldrá a cortarme las salidas para enredarme en su juego y conectar con contundencia. Mi tarea evadir sus embestidas y aprovechar cualquier descuido defensivo para contragolpearlo, algo que sé hacer muy bien desde mis tiempos de amateur.

Por último, de estar en la piel del guantanamero, tendría claro que hay oportunidades que no se repiten y subestimar a Canelo puede ser el mayor error de mi carrera.

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