MarvinSonsona k10102015 262aaPor más lamentable que resulte para los aficionados al boxeo, púgiles que malgastan su talento han existido –y existirán– tantos como aquellos que han despilfarrado sus cuantiosas fortunas.

A veces, es la falta de motivación su principal enemigo, pues una vez que se ha alcanzado la cima, cuesta doble encontrar ese aliciente emocional que impulsa al atleta a enfrentarse diariamente a largas horas de entrenamiento, a restringir su dieta, a evadir los placeres de la vida que seducen, más que a nadie, a los que tienen con qué pagarlos. Parafraseando al gran Marvelous Marvin Hagler, cuesta lo indecible levantarse a correr 5 millas, a las 5 de la madrugada, cuando se duerme en una lujosa mansión en pijamas de seda.

Pero no siempre es la cuestión espiritual (que pasa por lo material), el desánimo cuando ya se ha tocado la gloria, la causa que inclina a algunos a perder la pasión por una profesión que exige el máximo de dedicación. En ocasiones, en medio del trayecto a la cima, a falta de un buen trecho, los deportistas –y los boxeadores como ningunos– olvidan sus metas, desoyen los consejos y reclamos de sus entrenadores, y dejan correr semanas, meses y años de preparación que son, simplemente, irrecuperables. Falta de madurez, malas influencias, egos desmedidos… las razones pueden ser diversas, pero el resultado es siempre el mismo: el potencial con el que se contaba para empezar, nunca podrá ser explotado al máximo.

Al menos, los que dicen ¡no más!, habiendo saboreado las mieles del triunfo, quedan con una satisfacción a medias, esa sensación de acariciar lo que pudo haber sido un legado imperecedero que quedó varado en estadísticas plausibles, fríos números plasmados en los libros de récords (numerosas victorias, elevado por ciento de nocauts; cinturones mundiales en diferentes divisiones, de esos que sobran en el presente) y poco de la parte anecdótica, esa que ha convertido en leyendas a un puñado de púgiles.

Los que se conforman con llevar algunos premios a sus vitrinas, cheques de varios dígitos a sus cuentas bancarias y dos o tres autos de lujo al estacionamiento de sus ostentosas moradas, y terminan achantándose por resignación o cansancio, pasan a engrosar la interminable lista de buenos boxeadores, no la selecta de los mejores de todos los tiempos.

Pero peor es el caso de aquellos que muestran en el inicio de sus carreras profesionales grandes condiciones físicas y recursos técnicos, pegada fulminante, velocidad y coordinación de movimientos excepcionales, ese toque mágico que acompaña a unos pocos entre millones y que, de cultivarse sistemáticamente con sacrificio, conduce al pináculo del deporte de los puños. Esos diamantes en bruto que pasan de ser potenciales estrellas, un día X, a convertirse en malogrados veteranos, una década después, a los que ya nadie presta atención sino para enfrentarlos a las jóvenes figuras en ascenso como carne de cañón; esos son los protagonistas de algunas de las historias más deprimentes dentro de los cuadriláteros.

Ese muy bien podría ser el final de otro púgil apodado Marvelous, que no nació en Nueva Jersey, sino en la ciudad filipina de General Santos: Marvin Sonsona.

En 2009, con sólo 19 años, tomó por asalto el estrellato en su decimocuarta contienda como rentado y pareció, por un instante, cuando venció por fallo unánime al entonces monarca universal supermosca, avalado por la Organización Mundial (OMB), el veterano puertorriqueño José “Carita” López, que Marvin había llegado para brillar por largo rato.

Los amantes del boxeo en una nación a la caza del próximo Manny Pacquiao acogieron a la naciente luminaria como si se tratase del Mesías prometido entre las dieciséis cuerdas. Sin embargo, el trayecto desde aquel triunfo de septiembre de 2009, en Ontario, a la fecha, no tiene nada que ver con la presumible secuela de la Serie Pacman, sino un déjà vu contrapuesto, la inequívoca sensación de encontrarnos ante otro púgil que nunca conseguirá hacerse de una reputación entre sus pares, por apatía o falta de dedicación.

En noviembre del mismo calendario, en su primera defensa del cetro de las 115 libras, Sonsona no pudo ni tan siquiera aspirar a la reválida por problemas con el peso. La pelea con el retador mexicano Alejandro “Payasito” Hernández concluyó en un magro empate que no dejó feliz a nadie, particularmente a los de la esquina del asiático. Marvin marcó un récord, sí, pero casi humillante: campeón mundial filipino con menos tiempo en poder de su fajín (solo 2 meses y 17 días).

La falta de seriedad no desestimuló a sus promotores Sammy Gello-ani (presidente de SGG Promotions y su guía a nivel nacional) y Sampson Lewkovicz (su agente internacional) quienes, confiados en que su protegido tenía madera de campeón y arrastraría consigo el talento en su salto en la báscula, le arreglaron una cita con bombos y platillos en el Coliseo Rubén Rodríguez de Bayamón, a inicios de 2010, frente al entonces invicto Wilfredo Vázquez Jr., hijo de uno de los inmortales del pugilismo boricua con el mismo nombre (campeón del planeta en tres divisiones durante los años 80 y 90 del pasado siglo).

Un gancho de izquierda del ídolo local al hígado del visitante lo puso de rodillas en la lona y, en poco más de cuatro rounds, se esfumó para el tagalo la oportunidad de coronarse rey del orbe en una segunda categoría de peso, la supergallo (122 libras).

A aquella primera derrota, en la que se combinaron el deseo de Vázquez Jr. de deleitar a su público y la indolencia de un Marvelous Sonsona que se entrenó confiado en que marchaba a un éxito de puro trámite, sucedió un período cuesta abajo para el filipino que se extendió por un cuatrienio (de febrero de 2010 a febrero de 2014). Con solo 19 años, en una etapa de la carrera como rentado en la que se pelea con mucha más frecuencia para ganar en experiencia y, por qué no, inflar el balance personal de éxitos y nocauts, Marvin comenzó a subirse al ring una vez por almanaque, y casi empujado a la fuerza por la insistencia –casi súplicas– de sus mánagers y entrenadores.

Después de todo, ha sido afortunado y disfrutado de varias oportunidades inmerecidas, que, es hora de que lo sepa, dejarán de tocarle a la puerta de un momento a otro si no cambia su actitud.

Tras un trío de triunfos irrelevantes en 2011 (fallo unánime, frente al mexicano Carlos Gaspar Jacobo), 2012 (KO en el quinto round, ante el dominicano Carlos Fulgencio) y 2013 (RTD en 8 asaltos, a expensas de su compatriota Jason Egera), Bob Arum lo incluyó, en febrero de 2014, en uno de sus espectáculos boxísticos en Macao, y Sonsona emitió destellos de brillantez con la victoria más espectacular de la velada.

Un gancho de izquierda cargado de dinamita a la mandíbula de Akifumi Shimoda, puso al japonés, ex campeón supergallo de la Asociación Mundial (AMB), inconsciente en la lona y -todo hace indicar hasta la fecha que- listo para colgar los guantes.

La noche de la resurrección terminó nuevamente empañada por la vergüenza. Después de ganarse los elogios de Arum y compañía, Marvin fue visto por aficionados y entrenadores, en un lugar público, bebiendo cerveza.

No obstante, Sammy Gello-ani y Sampson Lewkovicz se quedaron con lo mejor de la aventura macaense, la aniquilación de Shimoda, y pasaron página al capítulo de las imprudencias. En junio, le regalaban otra gran oportunidad: vengar el único descalabro de su carrera contra un Wilfredo Vázquez Jr. que venía en picada y nada menos que en el Madison Square Garden de Nueva York (en un duelo que antecedió al de Miguel Cotto vs. Sergio Martínez).

Misión incumplida. Después de llevar a la lona al boricua en la primera fracción, salió a relucir la falta de preparación en el resto de una trifulca que no dejó mucho que contar, en la que Sonsona escapó con un triunfo por decisión dividida.

En diciembre de 2014 se suponía que rivalizara con el estadounidense Rocky Juárez en un choque eliminatorio que, de ganarlo, le garantizaría poder medirse al entonces mandamás pluma por el Consejo Mundial (CMB), el mexicano Jhonny González.

Dos veces dejó ir el avión de General Santos a Manila para comenzar la preparación de cara al pleito y, cansados de su falta de comprometimiento, su entrenador y promotores dieron a Sonsona por perdido.

Tras un hiato de un año, lo que queda de aquel Marvelous escaló al ring del Stub Center californiano, el pasado 6 de junio, para enfrentarse al estadounidense Jonathan Arrellano. Se trataba de su primer combate desde que estableciera vínculos contractuales con el todopoderoso Al Haymon (en febrero de 2015), y después de haber pasado alrededor de un mes por las manos del polémico preparador físico Ángel “Memo” Heredia, quien lo ayudó a bajar de las 168 libras que pesaba cuando aterrizó en Las Vegas, en mayo, hasta menos de 128 (quién sabe de qué sabios métodos se auxilió el Memo).

Tres semanas antes de cumplir los 25 años, el filipino dominó a Arrellano (15-6-3, 3 KO) con un estilo aburrido e inusual en él, boxeando a distancia y sin aventurarse a intercambiar golpes de poder para probar si aún le quedaba en sus puños del cloroformo de antaño. Un veredicto mayoritario lo benefició en esa ocasión, aunque, nuevamente, quedó en deuda.

Con el último resquicio de esperanza y a punto de agotar lo que les queda de paciencia, Gello-ani y Lewkovicz le han conseguido una nueva cita para el venidero diciembre frente al dominicano Claudio Marrero (19-1, 14 KO). El caribeño ocupa el sexto lugar del escalafón de la AMB en la categoría pluma (126 libras) y exhibe en su hoja de servicios un solitario revés, en 2013, por fallo unánime frente al argentino Andrés Cuellar, en una reyerta por el fajín interino de esta organización.

No parece el también zurdo de Santo Domingo, de 26 años, un contrario cómodo de doblegar, mucho menos para quien no se toma el boxeo con la seriedad debida. De salir airoso de manera convincente, Marvin Sonsona (20-1-1, 15 KO) tendría todo a su favor para aspirar en 2016 dentro del ensogado a su segundo título del planeta en igual número de divisiones (frente al propio Cuellar, el mexicano Santa Cruz, el estadounidense Gary Russell Jr., el británico Lee Selby o el ucraniano Lomachenko).

Pero a estas alturas del partido, ¿quién se anima a apostar por Sonsona? Cualquier suma en favor del presunto Marvelous filipino parece una inversión desaconsejada.

Comenta sobre este articulo