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Los representantes del Reino Unido en la máxima división del boxeo profesional se han convertido en el centro de atención de los medios de comunicación y la afición a nivel global. A los títulos mundiales que ya ostentaba el país por mediación de Tyson Fury, propietario de los cetros de la Asociación y la Organización Mundial (AMB –con categoría de súper– y OMB) se sumó el pasado sábado el de la Federación Internacional (FIB), conquistado de manera categórica por la principal estrella internacional en ascenso en la categoría de más de 200 libras, Anthony Joshua.

Anticipándose a esta realidad, el estadounidense Shannon “El Cañón” Briggs (59-6-1, 52 KOs) montó su carpa circense en Londres desde hace dos semanas, a la caza de una pelea lucrativa con uno de los exponentes británicos más taquilleros entre los pesados, David Haye (27-2, 25 KOs). Lo increíble de esta historia no son los nuevos espectáculos públicos que ha protagonizado el oriundo de Brooklyn, lo realmente insólito –por emplear un eufemismo y no llamarle lamentable- es que Haye se haya prestado para actuar en esta obra tragicómica.

Briggs, a la espera de rival, ha sido incluido oficialmente en el cartel boxístico que tendrá a La 02 Arena londinense como sede, el próximo 21 de mayo, y a David como líder del reparto actoral midiéndose a un tal kosovar nacionalizado suizo que responde al nombre y apodo de Arnold “La Cobra” Gjerjaj. El británico estará efectuando esa noche su segunda pelea de este calendario 2016, después de su victoria del pasado enero a expensas de otro desconocido, el australiano Mark de Mori, en un pleito que marcó su regresó al ring tras tres años y medio de inactividad.

Que Haye le diera una mano a Briggs para que garantice un salario decoroso ese día, suponiendo que el neoyorquino atraviesa por algún apuro financiero, sería hasta plausible, incluso para los que consideramos que el otrora Cañón ya no dispara ni el proyectil de menor calibre posible. Pero no son esas las intenciones que acompañan el bondadoso gesto del peleador de Bermondsey, sino la horripilante posibilidad de escalar al ring con el decadente veterano, de 44 años, a finales de este almanaque.

En referencia al nombramiento de Shannon como su próximo telonero, David comentó: “Briggs solía parecerme muy divertido persiguiendo a (Wladimir) Klitschko por todo el mundo y aconsándolo constantemente. Pero cuando comenzó a hacerlo conmigo, ciertamente dejó de ser algo de lo que pudiera reírme. El hecho de que él viniera a Londres sin anunciarse, golpeando a la puerta de mi gimnasio, dejando a mi secretaria casi muerta del susto muestra que (Briggs) necesita que se le imparta una lección seria sobre el respeto.”

Shannon se robó titulares un par de semanas atrás, cuando irrumpió en la conferencia de prensa en la que Haye daba a conocer a su próximo contrario (Arnold Gjerjaj). El campeón del planeta avalado por la OMB hace una década, en un reinado que no rebasó la primera defensa, llevó al escenario frente a los medios de comunicación presentes la misma bufonada de la que tantas veces se valió, sin éxito alguno, para provocar al ucraniano Wladimir Klitschko. Vociferando como si fuera un demente, ¡Vamos, campeón!, y cuestionando la idoneidad de Gjerjaj como rival (algo en lo que sí podríamos coincidir con él), Briggs parece haber creado una cierta expectación entre los hinchas británicos.

“El público quiere ver la pelea, como consecuencia me han convencido de que lo incluya en mi cartel. Si ese tontorrón puede vencer a alguien, entonces pelearé con él después. Voy a poner fin a los gritos de ¨¡Vamos, campeón!¨ y a cambiarlos por los de ¨¡Vamos, tontorrón!¨, porque eso es todo lo que él es: un viejo tontorrón que anda por ahí gritando y chillando y molestando a las personas”, dijo Haye, de 35 años, como pretendiendo que le creyéramos la posición de justiciero que se ha autoconferido.

Briggs, como era de esperarse, también encontró entre su repertorio de alardes y desafíos estériles algunas palabras para referirse a su rival potencial, quien le había exigido primero que debía someterse a un examen médico para poder sumarse a la función de mayo. “¡Quiero eso (la pelea con Haye)! Ya pasé el IRM (el test de resonancia magnética) y él está asustado. Él me tiene miedo. Yo soy el campeón y él es el tontorrón. Tu regreso (al cuadrilátero) va a terminar antes de lo previsto a manos del campéon. La semana pasada, me reuní con sus abogados y acordamos el trato. Todos tienen que ver por sí mismos que él es un hombre asustado.”

O Shannon sabe algo que nosotros desconocemos por completo en cuanto a las potencialidades físicas y el talento que le quedan, aunque no los ha exhibido desde hace una eternidad, o –y es lo más probable– es uno más entre tantos boxeadores profesionales que se resisten a colgar los guantes, se exponen a lesiones cerebrales irreversibles y ponen en riesgo su futuro a pesar de los consejos de sus familiares y allegados.

Desde que en noviembre de 2010, el mayor de los hermanos Klitschko, Vitali, le propinó una de las palizas más metódicas e inmisericordes de las que se tenga memoria, Briggs debería estar felizmente figurando en la lista de púgiles retirados. El último hombre que intercambió golpes con George Foreman a finales de 1997, en un pleito en el que se agenció por una polémica decisión mayoritaria el simbólico título lineal de las más de 200 libras, necesita mirarse a sí mismo en aquella reyerta, cuando era un veinteañero, y compararse con el cuarentón lento y falto de explosividad que ha salido al ruedo contra una retahíla de contrincantes mediocres de 2014 a la fecha.

No ha sido su carrera en el pugilismo una epopeya llena de espectacularidad, pero al menos ha tenido algunos resultados destacados (los dos cinturones citados: el lineal en 1997 y el de la OMB en 2006) y, sobre todo, la oportunidad de la que no puede vanagloriarse la mayoría de sus colegas de encontrarse en la esquina opuesta de un ensogado profesional con su compatriota Foreman, el británico Lennox Lewis y Vitali, y hasta con el mejor de su generación en las filas amateurs, el tricampeón olímpico Félix Savón de Cuba, quien lo noqueó en el primer round de su duelo por el oro en los Juegos Panamericanos La Habana 1991. 

Que Shannon “El Cañón” Briggs encuentre el fin de su trayectoria deportiva así, convertido en un bufón que avanza a una inminente golpiza, es verdaderamente triste, no importa si se trata de la enésima parte de una película que conocemos de memoria.

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