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Una pregunta ronda por estos tiempos entre los fanáticos y expertos del boxeo. ¿Quién es mejor?  El actual número uno libra por libra, el nicaragüense Román “Chocolatito” González, o sus antecesores inmediatos, los recientemente retirados Floyd Mayweather Jr. (Estados Unidos) y Manny Pacquiao (Filipinas).

El paralelo se basa en que, como el invicto Floyd (49-0-0, 26 KO’s), y el ícono flipino Pacquiao (58-3-2, 38 KO’s), el también imbatido nica González (45-0-0, 38 KO’s) comienza a sentir los rigores del almanaque, y con 28 años de edad su anatomía va a exigirle el ascenso a una división de peso superior a las 112 libras, en las que reina de manera casi absoluta en la actualidad.

En el boxeo las comparaciones no suelen ser terreno fecundo, pero son usuales, y a veces, necesarias. Tienen en su contra que, en primer lugar, cuando se compara a dos pugilistas, se está comparando a dos seres humanos que, cada uno en sí mismo, es un mundo independiente y único.

Si a ese detalle se adiciona el factor época, o sea, la comparación entre dos espacios de tiempo diferentes, pues entonces los paralelos son más inexactos y fuera de contexto.

Tanto Pacquiao como Mayweather Jr. se hicieron legendarios por su capacidad de preservar su elevada maestría pugilística en varias categorías.

El tagalo ostenta el mérito de ocho títulos mundiales en otras tantas divisiones (un par de ellos emblemáticos, otorgados por la Revista The Ring) y el estadounidense, considerado el rey de todos los tiempos en el Pago por Evento (PPV, siglas en inglés), es reconocido como campeón del mundo en cinco fronteras del pesaje.

Pacquiao, que debutó con una menuda figura y mide apenas cinco pies y cinco pulgadas, literalmente destrozó a afamados contrincantes con una superior armazón anatómica, y para el recuerdo queda la paliza que le propinó el 6 de diciembre de 2008, en Las Vegas, al Golden Boy, Oscar de la Hoya, un welter natural de casi 5 pies y 11 pulgadas de altura.

Floyd, de 5.8 pies y un complexión ligera, le propinó el 14 de septiembre de 2013, en Las Vegas, su única derrota como profesional al mexicano Saúl “Canelo” Alvarez, apenas un par de pulgadas más alto, pero con una estructura anatómica fornida, que le convierte en un peso medio natural.

Y reitero.  Ni Floyd, ni Pacquiao, en sus constantes invasiones de diversos límites de pesaje mostraron una merma de sus condiciones boxísticas y, en sentido general, preservaron su velocidad de manos y piernas, sus reflejos, y la precisión del golpeo.

“Chocolatito” González comienza a sentir la necesidad de ascender en la escala anatómica, porque de manera paulatina, y con el paso implacable del tiempo, es lógica la tendencia a aumentar de peso y pretender mantener al ídolo de Managua cautivo en las 112 libras, puede a la larga afectar su salud e, incluso, pasarle factura como astro supremo del pugilismo contemporáneo.

¿Tendrá González la capacidad “camaleónica” de Floyd y Pacquiao?

De momento, tras vencer en la noche del 23 de abril de 2016 al boricua Mc Williams Arroyo (veredicto unánime en 12 asaltos, en el Fórum de Inglewood, California), “Chocolatito” González dejó entrever que aún prevé al menos un combate más en las 112 libras, pero que después se va a las 115.

En su actual peso, el nicaragüense es un fuera de serie.  Hasta la fecha nadie ha podido con su velocidad, su implacable tren de pelea de principio a fin, su buena defensa y su pegada.

¿Sucederá lo mismo cuándo por exigencias anatómicas impuestas por el tiempo tenga que ascender en la escala de los pesajes?

Habría que ver si “Chocolatito” puede prevalecer, como lo hicieron otros grandes del pugilismo mundial que se coronaron en dos o más divisiones, como sucede en el caso de dos candidatos indiscutibles al Salón de la Fama, Floyd Mayweather Jr. y Manny Pacquiao, un par que recientemente anunció su retiro, aunque para muchos, su grandeza les obligará a regresar al ring.

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