Saul Canelo Alvarez Mexicano 09a34

Todo está a su favor. Es la figura, el favorito, el más fuerte y pesado, el que llevará mayor respaldo de compatriotas mexicanos en Las Vegas, el mediático boxeador que atrae a las multitudes y acapara patrocinios sustanciosos, y por tanto, los jueces y el árbitro serán más condescendientes con él.

Se llama Saúl “Canelo” Álvarez (46-1-1, 32 KO´s), tiene 25 años y defiende ante el británico Amir Khan (31-3-0, 19 KO´s), de 29 años, la faja mundial de peso mediano reconocida por el Consejo Mundial de Boxeo (CMB) de la que se apoderó al vencer al ídolo boricua Miguel Cotto, el 21 de noviembre de 2015, en el Mandalay Bay, de Las Vegas, Nevada.

El cetro, vacante entonces tras la negativa de Cotto a pagar una cuota monetaria reglamentada por el CMB, quedó en propiedad del pelirrojo peleador con su triunfo por unanimidad, en una pelea en la que prevaleció el poderío físico del joven mexicano, sobre la experiencia del veterano de Puerto Rico.

Con tantos elementos en su favor, es poco probable que la victoria se le escape a “Canelo” ante Amir Khan, en la noche del 7 de mayo de 2016, en la T-Mobile Arena, de Las Vegas, Nevada, y por eso, si yo fuera él escalaría el cuadrilátero pletórico de optimismo, con la confianza por las nubes, y con una mentalidad ganadora más que justificada.

El oponente británico será un hombre “inflado” al extremo para conseguir acercarse a las 155 libras, pues ha hecho prácticamente toda su carrera en los Ligero-Welter (140 libras) y más recientemente, a partir del año 2014, probó fortuna en los Welter, con la esperanza de atraer la atención del estadounidense Floyd Mayweather Jr., y de paso, una lucrativa pelea que nunca consiguió.

Si yo fuera “Canelo” Álvarez no me preocuparía mucho por los rumores sobre la presunta “gran rapidez” de Khan, pues me bastaría con presionar, bombardear sin piedad a un rival evidentemente menos pesado que yo, restándole importancia a su pegada, que evidentemente es limitada –y así lo confirman las estadísticas–, hasta arrollarlo con mi poderío físico.

Y podrán pasar dos, tal vez tres asaltos, pero a la larga el volumen de mi poderoso golpeo terminará por liquidar a mi oponente, eso si antes no he podido pegar algún gancho o recto de derecha a su cabeza, pues se sabe que Khan no es un buen asimilador de los impactos de poder “por arriba”.

Son tantos los factores que me favorecen, que esta pelea se me antoja como una de las más desiguales en la historia del boxeo moderno.  Sé que no es la única, pero por seguro, pocas veces se habrá concertado un duelo de campeonato mundial con tanto desequilibrio anatómico.

Pero eso no tiene que herir mi orgullo, ni preocuparme. Lo mío es subir al cuadrilátero, y “destrozar” a mi contrincante, arrollarlo sin piedad, y sé que a la larga se ablandará y caerá bajo el peso de mis puños.

A fin de cuentas, creo que es un justo premio que se pone a mi alcance por mi carisma, por haberme convertido en una figura con un gran atractivo mediático y, por el momento, la mejor opción dentro del mercado del Pago por Eventos (Pay per View, en inglés), tras la retirada de ese fenómeno inigualable llamado Floyd Mayweather Jr.

Y una vez que venza a Khan, y se ven a las claras cuántas probabilidades me favorecen para conseguir ese objetivo, seguiré siendo el niño mimado de Oscar de La Hoya y de su promotora Golden Boy.

“El galán” salvador de esa empresa, y alrededor del cual se recompuso, para situarse una vez más en la vanguardia, ahora aliada con la que fuera su acérrima rival, la Top Rank de Bob Arum.

Después que logre este objetivo, de seguro aparecerán otros adversarios asequibles, porque mis “manejadores” no tienen prisa por enfrentarme al kazajo Gennady Golovkin, ese “animal” que destruye todo a su paso, pero que tiene en contra el tiempo, que pasará implacable, y cuando llegue el momento preciso, le ajustaré cuentas apoyado en mi juventud y mi carisma mediático.

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